sábado, 26 de junio de 2010

¡¡¡¡¡¡CÁDIZ!!!!!!

Cádiz!!!
Amanece en Mazagón un día desagradable. Intenso viento del sur y totalmente nublado. No podíamos ver la previsión en el ordenador ya que la conexión a internet no funcionaba. La típica llamada al 609 de Movistar. Media hora con musiquita, y sale uno que dice que se llama Néstor Washington Rodrigues: “Buenos días, señor Manuel, que podemos hacer por usted””¿ha usted verificado que la falla no se ha producido en su computadora?” Otro rato de musiquita. “señor Manuel hemos podido constatar que se trata de una falla generalizada, y ahorita mismo nuestros operarios están trabajando en ella. Vuelva a intentar la conexión con su computadora…” Ordenador, cojones, lo mío es un ordenador. Después de llamar al 609, siempre termina uno más cabreado que antes de llamar. Un vecino nos dice que en uno de los bares, hay Wifi; así que ordenador debajo del brazo y al barecito a desayunar. Consultamos los comentarios del blog, la previsión meteorológica, y la pagina de los encajes de bolillos, ea.
El patrón decide que zarpamos. Así que se pone las pilas. Paseíto a las oficinas a pagar, desenchufar el barco, arrancar el motor, abrir la cremallera de la funda de la mayor, etc. La primera oficial estiba convenientemente todo dentro del barco y ayuda a soltar amarras.
11:30 Hora de reloj de bitácora. Zarpamos de Mazagón con unos 10 nudos de viento sur que no nos vienen mal. Podemos constatar, que a pesar de la calibración y los ajustes efectuados en el piloto automático el día de antes, este, se ha vuelto totalmente loco y está totalmente inservible. Pues nada, el patrón a la rueda (timón). Rumbo 150.
Para que os hagáis una idea del alcance de la tragedia de lo del piloto automático, antes de su instalación, las navegaciones que hacíamos no duraban más de hora y media o dos horas, debido a la paliza que supone ir todo el tiempo en la rueda del timón, y más compensando la escora del barco, llevando una rodilla siempre flexionada.
Antes de zarpar, habíamos reservado plaza en Chipiona. Pero el patrón sabia que 150 no era rumbo directo a Chipiona. Incluso durante todo el tiempo, la tendencia era a abrir un poco más ese rumbo (cinco o diez graditos), para que en caso de que soportara el agotamiento producido por ir de pie en la rueda, dar resguardo a los bajos de Rota e intentar llegar a Cádiz. Lógicamente de nada de esto, estaba al corriente la tripulación, que no paraba de preguntar: “¿falta mucho para llegar a Chipiona? Te han asignado amarre, o nos tenemos que amarrar al pantalán de espera”. Con ese rumbo, es por la trocha, así que perdemos de vista la costa y no había peligro de que la tripulación identificara nada de esta.
Bastante mala mar. Al menos muy incómoda. El viento rola un poco hacia el oeste, y podemos mantener nuestro rumbo con todo el trapo fuera, ayudándonos del motor al principio, para poder sacar 5 ó 5,50 nudos de velocidad. No nos podemos permitir menos velocidad que si no nos coge la noche.
Una hora, dos… tres y medía, cuatro menos cuarto, cinco y medía (las tres últimas sin siquiera ver la costa). Impresionante la paliza de toda la tripulación (patrón en la rueda y primera oficial tumbada en el banco de la bañera, con cierto grado de mareo). Con Chipiona a la vista (su faro y su desembocadura, su naufragio “el barco del arroz”) la primera oficial levanta la cabeza y pregunta:
-¿Aquello es Chipiona?
- Matalascañas, aquello es Matalascañas (le responde el Patrón).
-¿Y el faro?
-¡El faro de Matalascañas, coño!
El patrón piensa que la primera oficial se ha tenido que dar cuenta. Pero no, esta sigue ajena a todos los planes, machacando todo el largo del banco de la bañera. Otro siestecita.” No va a poder dormir esta noche”, piensa el patrón. Planes nada definitivos, por otra parte.
Dos horas más. Pies y manos dormidas, incluso algún pequeño calambre, rodillas cansadas y espalda dolorida (la primera oficial dormida entera). Ya solo nos separan 6 millas de Cádiz.
A solo tres millas, vuelve a levantar la cabeza la primera oficial, mira y dice: “Ea, Chipiona, con su faro… (La torre de Telefónica)”. El patrón no puede dar crédito a lo que está viviendo. Esperemos que nunca le pase nada a bordo. Si no, va listo. Solo en el último momento, se percata que la costa frente a Cádiz, o sea el Coto de Doñana para ella, está plagada de edificios. Valdelagrana, El Puerto de Santa María, Puerto Sherry, Vista Hermosa, etc. En ese momento se da cuenta de su error y totalmente sorprendida dice: “Anda, si eso es Cádiz”. Ya se veían las cúpulas de la catedral al fondo, toda la Alameda Apodaca, el Castillo de San Sebastián, el puerto comercial y las grúas de los astilleros. Vamos, lo único que faltaba era el cartelito azul de “Cádiz 1,5 Km”. De todas formas, ha merecido la pena, al verle la cara de alegría a la primera oficial.
Bueno, ahora sí. Esto ha sido todo amigos. Lo que empezó como una idea de la primera oficial a modo de cuaderno de bitácora particular, derivó rápidamente en un blog en toda regla, donde se ha invitado a los amigos/as. Han sido solo dos semanas, y no podíamos pretender ni pretendíamos tener doscientos seguidores y cincuenta comentarios diarios (hubiera sido insoportable). Hemos tenido los suficientes seguidores, comentarios pocos pero muy intensos, simpáticos, y suficientes también. Nada, daros las gracias a todos, esperamos que hayáis disfrutado casi lo mismo que hemos disfrutado nosotros con la travesía (casi, porque si no haber pa que mierda hemos comprado el barco), y deciros que el patrón ya está organizando la travesía del año que viene. Así, que el año que viene, más. También deciros, que todos estáis invitados (de dos en dos, no vayáis a venir todos a la vez, que esto no es el Queen Mary) a dar un paseíto por la bahía, tomar unas cervecitas, unos bañitos y unas risas.
Besos.



Saliendo de Mazagón

Salvamento marítimo

¿Cádiz?

¡¡¡Esto es Caádiiiiiz!!!!