lunes, 27 de junio de 2011

CABO SAN VICENTE-FARO-SILVES

Lunes en Lagos.
Aunque seguimos en el barco y seguimos en Lagos, no hay ninguna navegación que contaros. Con el barco amarrado en su pantalán, no nos preocupa el viento, su dirección ni su intensidad. Las mareas, tres cuartos de lo mismo. Así que no hay mucho que contar. De todas formas, unas líneas no vienen mal. No podemos ni debemos estar todo el día en el bar (aunque al patrón no le importaría). También, este año, y aunque comentarios no hay muchos, y gracias al contador de visitas instalado por Manu, vemos que si nos leéis.
El sábado vinieron en coche desde Sevilla, Manu, Juan y la abuela Inés (que se apunta a todas, y hace bien). Ya que teníamos coche, y aprovechando que lo tenemos tan cerca, nos dimos un salto a Cabo San Vicente. Nuestro “Finisterre” del sur de la península. Seguramente la mayoría ya lo conocéis y seguro que coincidís con nosotros al afirmar que es realmente sobrecogedor. Para los que no, ponemos alguna foto. Pasando Sagres el paisaje se vuelve soso, sin árboles y ya en esta época del año, todo amarillo y realmente monótono. Pero una vez allí todo cambia. Son verdaderamente impresionantes esos acantilados. Uno comprende que antiguamente pensaran que el mundo terminaba en el horizonte.
A la vuelta, en Lagos, comimos en una especie de chiringuito donde la mayor parte de la clientela es portuguesa, y por lo tanto prácticamente no hay ingleses. Cutrecillo, pero a la tripulación le gusta. Al salir del chiringuito, el patrón vio a su amigo Luis (el catalán del barco dejaillo que venía de cruzar el Atlántico en solitario), repostando combustible y que zarpaba rumbo Cádiz solo y con un viento que ponía los pelos de punta (al que los tenga, claro) ¡Que joio! Cuando soltó amarras y enfilaba la dársena, el patrón, encalomado en lo alto de un banco, le pegó un chiflido diciéndole adiós. El catalán saludo de forma indiferente. Pero cuando el patrón se quitó la gorra para decirle adiós de nuevo, aquel lo conoció y empezó a dar saltos en el barco ¡Adiós, Manuel, gracias por todo! ¡Que lo paséis bien!. Quizás no se vuelvan a ver, quizás se crucen en alguna travesía o quizás se encuentren en alguna taberna de algún puerto. Sabe Dios.
Por la tarde, Manu, Juan y el patrón, fueron a la playa un rato y la abuela y la primera oficial se quedaron charlando en la bañera del barco, a la sombrita.
Para cenar, en el barco, unas asquerosas y caras pizzas de Pizza Hut que fueron a buscar los dos calafates. Pero bien. Todo muy agradable, y por supuesto, regado con unos botellines de cerveza helados que el patrón se había encargado de estibar la tarde de antes en el magnífico (pequeño, pero magnífico) frigo del barco.
El domingo por la mañana, después de desayunar en el puerto, la visita, que no se quiere hacer pesada y para evitar problemas de tráfico, deciden que se van. La tripulación, aprovechando el medio de transporte, deciden también que se van con ellos hasta Faro, con idea de volverse después en tren.
Faro, bien. Al ser domingo, todo demasiado tranquilo. El centro es bonito pero ya os decimos, todo demasiado tranquilo. Nada, paseíto, alguna foto, caneca en terracita de un pequeño puerto y la tripulación decide ir tirando para la estación de tren con idea de ir a conocer un pueblecito llamado Silves. Unas cuatro millas al norte (perdón, que estamos en tierra). Unos ocho kilómetros mas p’arriba.
El tren la leche. Pero la leche. Portugal profundo, pero profundo profundo. Pensamos que en España, en los años setenta, los trenes no eran tan cutres. Pero cutre, cutre… Había de todo, incluso algún inglés que otro. Payos, gitanos, negros, mulatos… De todo. Incluso mierda. Bastante. Todas las ventanas abiertas, el cartelito de prohibido tirar objetos (¡en España las ventanas de los trenes no se pueden bajar! ¡tienen aire acondicionado!) Pero bueno, bien, nos llevó a Silves. Bajamos del tren y ahora resulta que el pueblo está a unos dos kilómetros de la estación. Nos lo cuenta una chica (Ana) a la que preguntamos donde podemos coger un taxi y nos dice que nada, que andandito y que nos acompaña. Muy simpática, y ya por el camino nos va recomendando sitios donde comer. Nos recomienda una pizzería donde ponen platos típicos portugueses ¿?. Quazy, así se llama. Pero comemos de lujo. “Misto de porco do Alentejo” O sea, parrillada de cerdo ibérico. Del quince. Canecas, vino, postre … El pueblo es realmente bonito. Con su centro histórico rodeado de unas murallas árabes muy bien conservadas. Totalmente recomendable (incluso en tren)
Volvemos a la estación en taxi. Cuatro euros. Hablamos con el taxista de la crisis, que si esto, que si lo otro … La estación cerrada. No hay taquillas, ni bar, ni servicios ni nada. Solos con otra pareja de ingleses (vaya). Son mayores y el patrón les ofrece el banco donde estamos sentados (como con Gibraltar), pero dicen que no. Solo faltan los matorrales rodando por el suelo empujados por el viento y la musiquita de un “Espagueti Western”. En esto que aparecen en escena dos gitanas. Madre e hija. La madre muy arregladita, de unos sesenta años. La hija, menos arregladita, y con un solo diente. Una paletilla que se le ve cuando sonríe. Como para los ingleses no se iban a ir, pues se van para el patrón. A las gitanas les asalta la misma duda que al patrón: hay una sola vía que se divide en dos justo al llegar a la estación, para después volver a ser vía única. No sabemos si el tren coge la bifurcación (con lo que nos podemos subir sin problema desde donde estamos) o continua por su vía (y en este caso tenemos que cruzar rápidamente al otro lado). Los dos (la gitana y el patrón) comentan que la parada del tren es realmente corta. Cuando nos bajamos, no nos dio tiempo a cruzar hasta que este se había ido, y es por este motivo que el patrón sostiene que el tren nos dejó en la otra vía y que ahora habrá que cruzar.
17:58 El tren debe llegar, según el horario expuesto en el tablón de anuncios a las 17:59. Pues nada todos en fila, preparados en el paso para cruzar las vías, cuando viéramos si el tren cogía una vía o la otra. El patrón, la primera oficial, la gitana madre, la gitana del diente, y los dos ingleses que se han quedado con la copla y no quieren perder el tren. Efectivamente, y como mantenía el patrón en su conversación con la gitana, el tren sigue por su vía, con lo que hay que cruzar. Al grito de ¡vamos! Todos a cruzar corriendo. El cabrón del maquinista que ve toda la fila corriendo delante de sus narices, nos mete un pitorrazo, que hace que todos estemos al otro lado en cuestión de dos segundos. Otros dos segundos de parada, subimos en orden inverso, y el tren sale.
Llegamos a Lagos. Nos habíamos planteado la posibilidad de ir un día a Lisboa en Tren. Pero visto lo visto, a Lisboa va a ir el tato.
Saludos para todos.































sábado, 25 de junio de 2011

JAZZ tamos aquí



Ponta de Alfanzina





JAZZ tamos aquí.

Lagos. Nos gusta Lagos. Hoy las previsiones si se han cumplido. Navegación muy tranquila con poquito viento. Hemos pasado un poco de frio, ya que el patrón puso el toldo para evitar la exposición al sol de la primera oficial, que ya anda ataviada a todas horas con una magnifica pamela al más puro estilo inglés.
Albufeira, ya lo conocíamos. Hace muchos años que habíamos venido con los niños pequeños. Ya más lejos del mundanal ruido, y aunque sigue habiendo ingleses y alemanes (fundamentalmente), es un pueblo. Con su Iglesia, sus placitas, sus aceras empedradas con esos dados de mármol tan típicos en Portugal, y con sus casas de blancas fachadas a veces decoradas con ese azul añil, y otras de bonitos azulejos. La playa es espectacular. Se puede acceder a esta mediante un ascensor desde un moderno mirador. Desde este, nos hace la foto un turco, con su novia holandesa, con el que intercambiamos máquinas de fotos y charlamos un par de minutos.
Comemos en un simpático restaurante con vistas a la playa, metiéndonos entre pecho y espalda (entre otros deliciosos manjares) y como ya viene siendo costumbre, varias canecas.
El puerto, un poco retirado, es moderno, con buenas instalaciones y servicios. El personal de la Marina muy amable. La chica que nos atiende, con unos 24 o 25 años, portugués, español, francés, inglés, y encima dice que chapurrea alemán. ¡Qué joía!
Por la tarde, tranquilamente, siesta, café, y preparamos la parrafada ya habitual que colgamos desde una pizzería que tiene WIFI (sin fotos, que hoy las ponemos).
Llegamos al puerto de lagos sobre las 3 de la tarde, hora española. ¡Coño, que casualidad! La hora de tomar un par de Canecas. El puerto está casi vacío. Es impresionante la diferencia con el año pasado. Aquí, como todos sabéis, la crisis también está causando estragos. La única diferencia, es que el que se tenía que ir ya se ha ido.
Nos asignan un atraque al lado de otro barco de bandera española. Cochambroso y descuidado, que llama la atención. El patrón no tarda en entablar conversación con su propietario. ¡Vaya personaje! Viene desde Azores, y antes, de Cartagena de Indias. Reportero gráfico de profesión, pidió la cuenta en su empresa con la condición de hacerlo de forma que pudiera cobrar el paro (otro listillo), y pegarse dos años navegando en solitario por esos mares perdidos. Insisto, ¡vaya personaje! Para que os hagáis una idea, El Pocholo. Al patrón, le da un poco de pena, y le ofrece una cerveza. Como sabe a lo que se expone hace esta oferta desde el pantalán, y advirtiendo que se tiene que ir rápidamente que la primera oficial está pachucha. Mañana sale para el Estrecho de Gibraltar (español), así que pensamos que el peligro pasará pronto.
Bueno, ahora unos días de descanso. Playita, bici (uno solo que aquí no hay Carrefour), alguna excursión que otra (que ya os contaremos), y Canecas fresquitas.
Saludos para todos





















jueves, 23 de junio de 2011

ALBUFEIRA

Albufeira
Como dice Don Arturo, “solo los imbéciles no temen al mar”. Hoy nos mostraba otra cara. Pero después os contamos.
Vilamoura, pues ya del año pasado sabíamos de que iba. Plagado de ingleses y alemanes, todos ellos mas horteras que un cochino con un diente de oro. Pero bueno, siempre se pueden descubrir cosas interesantes. Un día de descanso en un puerto da para mucho. Desayunamos en la misma cafetería del año pasado (las dos mañanas). La camarera, una portuguesa, muy portuguesa. Con una cara, que parece que le dura un enfado que cogió cuando tenía seis años. El patrón sostiene que en Portugal no hay “tías buenas”.
Aunque pensábamos que Vilamoura era todo glamour (edificios y urbanizaciones), gracias a las famosas bicis, hemos descubierto que hay otra Vilamoura. El patrón se fue a dar un paseíto con su bici solo, ya que la primera oficial debe de no exponerse al sol en la medida de lo posible. Y la bici, mejor dejarla para un domingo en el parking del Carrefour. Pues eso, que lejos del puerto y de los glamorosos hoteles, se puede encontrar la Portugal profunda. Sin guiris, con sus calles y comercios decadentes. Total bici amarrada, bañito en una pequeña calita, y una magnifica caneca de cerveza en una terracita de un bar cutre, con sus manteles de “hule” y todo eso. Al patrón le gusta meterse en esos ambientes. ¿Qué la vamos a hacer? Hay gente pa tó.
También ha hecho amistad (lógicamente) en el bar del puerto, donde, no saben porque, pero han aumentado las ventas de cerveza. Un camarero muy agradable que, nos contaba, que aprendió español de niño viendo dibujos animados en cadenas españolas. Y una camarera irlandesa, muy simpática también. A esta, el patrón, fue a pedirle unos cubitos de hielo con el vaso en la mano y la tía se empeño en darle una cubitera de esas de acero inoxidable llena hasta arriba. Charlaron un momento sobre barcos, que si hasta donde vais, que de donde venís. Ella también navega, que si conoce Cádiz, Chipiona, etc. A la hora de devolverle la cubitera, el patrón pensó en tener un pequeño detalle, y junto a esta, le llevo una bolsita de picos del Mercadona. La tía se puso más contenta que si le hubieran regalado un cuarto de jamón de Joselito. Total muy bien.
Volviendo al tema navegación. La previsión meteorológica no era nada mala. Más bien al contrario. El patrón consulta todos los días y en varios sitios a la vez. Viento del norte, aumentando un poco y con una pequeña componente oeste más cerca del Cabo San Vicente. Pues nada, salimos con poquito y rápidamente empieza a cumplirse la previsión y a multiplicarse por dos. Seguimos nuestro rumbo durante una hora y media, y el patrón que no le quita ojo a la indicación de viento, a la altura de Albufeira (que no conocíamos), decide que recoge velas y pa dentro, a buen abrigo. Ya estamos cerca de Lagos, y si aquí hay 18, alli son 28.
Llegamos al pantalán de espera, y nos amarramos delante de otro barco (no muy grande) que ha ocupado casi la totalidad del espacio. Fuerte viento que nos separa, pero bien. Uno del otro barco hace el amago de ayudar, pero el patrón y la primera oficial (sin ella sería bastante más complicado) ya tienen la situación dominada. Le damos las gracias y como si las moscas. Se da media vuelta y pa su barco, que no es grande, pero lo ocupa todo. Nada, nosotros con nuestro pabellón Español (que se ve a varias millas) y el de cortesía, como mandan los cánones. Y de buenas a primeras, escuchamos: “joder, chico, dame esssa cuerda” “no me jodasss” “venga sssalta al barco”. ¡Serán capullos! Unos raritosss de esssosss. Ahora, acaban de entrar, después de su navegación y han montado un buen pollo en el puerto.
Bueno, vamos a ir cortando el rollo, que esto cansa y queremos ir a un bar donde hay internet (y canecas ), que en el puerto es de pago.
Saludos para todos.




PD.:Mañana colgaremos fotos que estamos en la pizzería y no queremos mancharlas de aceite.

miércoles, 22 de junio de 2011

VILAMOURA



VILAMOURA








Hola a todos. Hoy jornada de descanso, como en el Tour.
Lo de ayer no tiene nombre. El mar nos dejó disfrutar de la navegación, mostrándonos lo grande y lo maravilloso que puede llegar a ser. Nos obsequió con sensaciones, olores y colores, incluso sabores. Y con todo esto, hace que broten pensamientos de todo tipo, recuerdos, y sueños. Que aunque uno este despierto, o mejor dicho, aprovechando que uno está despierto, en muchos momentos ponen la carne de gallina, hay escalofríos, e incluso uno llega a emocionarse. Que conste que el patrón no estaba borracho.
Salimos de Isla Canela sobre las nueve de la mañana con poco viento, después de un magnifico desayuno. Todos en fila. Varios barcos pesqueros y nosotros. Como si fuera la hora de irse todo el mundo. Y después, cada uno para un punto en el horizonte, hasta perdernos todos de vista.
Ya separados de la costa un par de millas, cortamos gases para ver la velocidad real del viento. Bien. Tenemos 7 nuditos que nos entran por la aleta de babor. Nos aproamos, izamos la mayor y volvemos a poner nuestro rumbo. Ahora desenrollamos el Génova, y tenemos 3 nudos de velocidad de corredera. Poco a poco, muy despacito, el viento va aumentando. Muy suavemente, hasta brindarnos esa navegación de la que os hablo. Fantástico, 6 nudos de velocidad, en empopada, con el barco casi totalmente adrizado y rumbo a Cabo Santa María.
Todo esto se le pasa un poco por alto a la primera oficial, que ha descubierto (debería haberlo descubierto antes) que dentro del barco se va de escándalo. Ya quisiera el patrón en muchas ocasiones poder sentarse dentro a leer y quitarse del frio o del sol abrasador. Digo que debería haberlo descubierto antes, porque ahora que su costillar empezaba a mejorar y el golpe multicolor de la cara (por culpa de la caída de la bici, que conste) empezaba también a tener mejor aspecto, en uno de esos pequeños mareos (mal de mer, que dicen los franceses), no se le ocurre otra cosa que tenderse fuera, al sol y boca arriba. A pesar de las recomendaciones del patrón, son dos o tres horas al sol, que para la piel de una pálida funcionaría son demasiadas. Total, que antes no podía coger la bici por culpa de su dolorido cuerpecillo y ahora no la puede coger por culpa de las quemaduras de segundo y tercer grado en la cara, que la obligan a evitar cualquier exposición al astro rey. ¡¡¡La leche!!!, por no decir otra cosa.
Volviendo a la navegación, poco antes de doblar el Cabo de Santa María, amaina un poco el viento, lo que nos permite comer cómodamente, con platos cubiertos, servilletas, vasos, etc. Vamos, nos faltan las velitas.
Pasamos por la entrada al fondeadero de la Isla de Culatra muy cerquita de la costa, con cuatro metros de profundidad. El agua cambia radicalmente de color, tornándose de un espectacular verde esmeralda, muy clarito. ¡Se ve el fondo! La leche. También por no decir otra cosa.
Justo después empieza a refrescar el viento, con lo que seguimos navegando a vela y muy cómodamente. Solamente al final, a falta de unas seis millas, rola un poco, y nos hace ir dando bordos. Entre que queda poco, que estamos demasiado cerca de la costa, y que en una hora avanzamos poco más de una milla, el patrón opta por recoger todo el trapo y seguir a motor. Llegamos a Vilamoura, después de nueve fantásticas horas. Oficina, papeles, atraque, adujar todos los cabos, y el patrón, con la excusa de ir al servicio en el puerto, encuentra un bar de su agrado (que raro, parece que los huele) y se carga dos magníficas “canecas” de cerveza.
Por cierto, Viracocha dime argo. Ecijana, a ver si te animas y os dais un saltito a algun puerto. Ajimego, no sabes lo que me alegro de escucharte. Charito ¿onde andaras? Inmita, donde as leido que estamos ya en Sevilla, hija, ¿te has fumao argo, o que?














Navegando hacia Vilamoura












Velerito que nos cruzamos camino del siguiente puerto



















Después de un día de atracón, viene la dieta compensa